Importancia de la Representación Social en el Directorio del BPS

Editorial

Pasarán los años y cada 7 de octubre se conmemorará un hecho que, por su trascendencia, jamás será olvidado. Por lo que significa para la Seguridad Social, la democracia y para el país en definitiva, la integración de la sociedad a la dirección del BPS mediante representantes electos de forma directa. Destaquemos la importancia de la proyección hacia toda la comunidad del diálogo, la negociación y participación institucional, originando consecuencias positivas que habilitan promover una sociedad cada vez más socialmente cohesionada. 


No en vano y más allá de discrepancias políticas y/o sociales que puedan existir, nuestro país se ha constituido en un referente muy importante en el tema, en la región y en gran parte del mundo. ¿Motivos? Muchos, siendo uno de los principales, el enorme capital político, social, nacional e internacional que significa la integración del Directorio del BPS con las organizaciones sociales, por un lado. Y por otro, porque respalda el uso de varias y formidables herramientas que hoy reivindicamos más que nunca; Negociación Colectiva, Diálogos Nacionales de Seguridad Social, Diálogos Sectoriales, Consejos de Salarios, Relaciones Laborales, etc. Todos constituyen elementos claves para definir los niveles salariales y de pasividades, entre otros derechos. Hoy, lamentablemente, la Pandemia, crisis sanitaria, distanciamiento social y aislamiento internacional están generando incertidumbre económica y crisis social que golpea especialmente a los sectores más vulnerables: trabajadores, jubilados y pensionistas. Es por ello que las herramientas antes mencionadas cobran una importancia decisiva.

¿Acaso un sistema de Relaciones Laborales y Seguridad Social de calidad, no tiene mucho que ver con la de la sociedad toda, por tanto del trabajo, seguridad social, protección social y otros Derechos Humanos Fundamentales? Esto nos lleva a destacar la importancia de lo que ha sido una reivindicación nacional desde mucho tiempo atrás: la Seguridad Social como herramienta redistributiva de la riqueza nacional, con justicia social. No se logra de un día para otro ya que estamos en un proceso en desarrollo, en el que si bien se ha hecho mucho, aún queda bastante por hacer. Ello ha quedado demostrado a lo largo de los años. 

¿Qué más decir de esta fecha en que se integraron las fuerzas sociales al Directorio del BPS, hace casi 28 años?. En primer lugar, no fue un proceso fácil, necesitándose un más que largo período para concretarlo. En segundo término, deberá continuar, y continuará, no tenemos dudas, para ir mejorándolo. En tercer lugar, yendo muy atrás en el tiempo, tenemos en nuestra historia notables líderes que se han constituido en referentes de la soberanía popular. En 1815, el querido y formidable José Artigas pronunciaba en oportunidad del Reglamento de Tierras, aquella frase que se constituiría en un emblema nacional, una verdadera guía ética, ideológica y política, social y cultural para todos los uruguayos: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana” ¿No es un ejemplo de soberanía popular que la sociedad se integre al Directorio del BPS?

                                                                           

Don Luis Colotuzzo Mtro. Arturo Fernández Prof. Gezza Stari Sixto Amaro
1992-2001 2001 – 2006 2006 – 2011 2011-2016 / 2016-2021

Dos siglos después, ese concepto aplicado a la Seguridad Social, se ve reflejado en lo que ha sido y es el diálogo, la negociación bi o tripartita y la participación institucional de la sociedad, a través de sus representantes, en múltiples órganos públicos. Entre los que destacamos obviamente, nuestro Banco de Previsión Social. ¡Claro que fue un proceso largo! Pasaron más de 80 años para que se comenzara a concretar el pensamiento de nuestro líder histórico. Finalizando el siglo XIX, 1896, comenzamos a conocer una primera experiencia participativa de sectores sociales en organismos de Seguridad Social, mediante la Caja de Jubilaciones y Pensiones Escolares, de acuerdo a la Ley Ciganda. En 1904 se creaba la Caja Civil, y en 1919, gracias a la ley Carnelli, surgen las Cajas de Jubilaciones y Pensiones de Empleados y Obreros de Servicios Públicos, todas contemplando la participación social. También surgieron en 1923 la Caja de Empleados del Jockey Club, y dos años después, 1925, nace la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias. Como se observa, la legislación y la institucionalidad seguían avanzando en pleno siglo XX.

Pero en la historia política se producen alteraciones en los procesos. A principios del siglo XX tuvimos el conocido “Alto de Viera”, notorio viraje de la política gubernamental que se venía desarrollando en base a la ideas progresistas de José Batlle y Ordóñez. Retroceso respaldado por las fuerzas conservadoras del país, obviamente. Luego sobrevino en 1933 la dictadura de Gabriel Terra, que arrasó con la escasa participación de los trabajadores existente en diversos organismos. 

Las décadas de 1940, 1950 y principios de 1960, fueron de intensa actividad parlamentaria. Se crearon otros organismos o instancias de seguridad social: Cajas de Asignaciones Familiares, Caja de Desocupación de la Industria Frigorífica, Seguros de Enfermedad y Bolsas de Trabajo. En casi todos los casos con participación social. A lo que se agregaron las denominadas Cajas Paraestatales: Bancaria, Profesional y Notarial.  Finalmente en la década del 60 se sancionó la norma más importante en cuanto a la participación: la Constitución de 1967, de la que destacamos especialmente el art. 67 y la Letra M. 

Todo ese movimiento fue generando conflictividad entre el Parlamento y el Poder Ejecutivo, presidencialista primero y colegiado después, y con ciertas fracciones empresariales. Además se habían consolidado sectores civiles de derecha junto a militares, que gozaban de un amplio poder, y que les molestaba tener que compartir espacios de influencia y decisión. Varios se plegaron rápidamente a la dictadura, muy bien denominada cívico militar. Cuarenta años después de la dictadura de Terra de 1933, nos encontramos con el golpe de Estado cívico militar, que impuso grandes trabas y dificultades, no sólo para impedir la concreción  de la disposición constitucional de 1967, sino obstaculizando o eliminando derechos, entre ellos diversas participaciones sociales en varias instituciones. 

En la vida política actual se siguen escuchando algunos planteos, felizmente pocos, cuestionando la participación social en el BPS, calificándola como corporativismo. Entendemos esa posición. No podían quedarse quietos. Se les había eliminado varias herramientas de manejo subjetivo, politiquero, demostrativos del clásico clientelismo político en la Seguridad Social. Esto es, corruptelas varias. Eran los mismos que calificaban la integración al BPS ¡como corporativismo! Todas manifestaciones que formaban parte de las resistencias ideológicas, políticas, económicas y financieras contra la integración social, y que explican de cierta forma el transcurso de 25 años para que se diera cumplimiento a la disposición constitucional de 1967. 

Ratificamos 1967 y 1992 como fechas importantes en este proceso. En el primero de esos años se consagró constitucionalmente la participación de la sociedad en el BPS. 1992 es el año en que se concretó la misma. Pasaron 25 años entre una fecha y la otra. ¡Si serían fuertes los intereses opuestos a la integración de la sociedad! Preguntamos entonces, ¿quiénes eran los corporativistas?  

Por otra parte, una vez más queda de manifiesto lo que ha sido característica histórica de nuestro continente, incluido Uruguay: una cosa es la norma y otra la realidad. Somos una región en la que desde la independencia, las reformas constitucionales se pueden contar por centenares. Sin embargo, a pesar de las mismas, seguimos siendo el continente más desigual del mundo. ¡Qué gran distancia entre la teoría y la práctica! ¡Qué fuerzas, ratificamos, tenían y tienen los intereses económicos financieros en este mundo!

No podemos ignorar la importancia de los aspectos políticos en cualquier sociedad, a efectos de comprender esa enorme responsabilidad y legado que nos dejó Don José. Muchos se hacen los distraídos, o lisa y llanamente son ignorantes en cuanto al tema, lo que posibilita el surgimiento de personajes autodenominados políticos, que no piensan en el bien común sino en el propio. ¿Por qué lo decimos? En primer lugar, porque en el ejemplo del BPS no existen dudas que lo que está sucediendo con la participación social a través de sus representantes, enriquece a la sociedad en todos los aspectos, contribuyendo a otorgarle mayor legitimidad social y política, favoreciendo por tanto la gobernabilidad democrática, la institución y al país, trascendiendo al campo estricto de la Seguridad Social y Protección Social. Porque el bi o tripartismo, discusiones, acuerdos, consensos, son claves para toda la sociedad. Destaquemos su importancia en lo que puede significar como ejemplo que dé sustento a la construcción de Políticas de Estado. Acaso la integración al BPS ¿no puede ser uno de ellos? En segundo término, el hecho de que Uruguay esté ocupando los primeros lugares en la región y en el mundo, siendo al respecto un referente, le origina una gran responsabilidad hacia el futuro, ya que es un capital que ineludiblemente habrá que defender siempre para ir logrando cada vez más un país de mejor calidad, aspecto en el que estamos en buen camino. Máxime en un momento en el que se habla visiones estratégicas de futuro. 

¿Y qué decir del progreso de la transparencia de actuación que se ha logrado? Recordemos que años atrás, como ya expresáramos, diversos jerarcas tenían a su disposición 25 “pronto despachos” para acelerar trámites, etc. Por otra parte, se realizaban concursos que no eran tales. Agreguemos la existencia de tarjetas de crédito para uso de las jerarquías, que las pagaba el BPS. Todo ello llevó a las Cajas de Jubilaciones a ser conocidas como lugares del clientelismo político muy acentuado. Lamentable. 

Finalmente, esta historia de la participación social en el BPS y otros organismos nos exige responsabilidades tanto políticas como sociales, esto es, un profundo involucramiento individual y colectivo en las estructuras institucionales y en las políticas que se promuevan. Recojamos las experiencias adquiridas desde 1992, y quizás de años anteriores en los múltiples diálogos que se concretan a diario actualmente en nuestra sociedad, sean formales o informales. Los acuerdos, desacuerdos, controversias, etc., son manejables, y vienen muchas veces precedidos de monólogos, silencios, que podemos resumir en la frase “Yo digo lo mío, tú lo tuyo y entre ambos buscamos la verdad”. Pero para ello hay que saber que cuando no se tiene nada para decir, es preferible el silencio, porque el que habla, debe saber también cuándo no hacerlo. 

Lo que está sucediendo en estos últimos años, no hace otra que ratificar la importancia de la participación institucional, los diálogos, de los cuales destacamos las dos instancias del Diálogo Nacional de Seguridad Social con participación de todo el espectro nacional que tenga que ver con el tema. Resaltamos también las instancias bipartitas entre gobierno y ONAJPU.  Todo nos permite distinguirnos como país de diálogo amplio, formal e informal, de lo cual existen ejemplos históricos, que nos permiten visualizar esa característica tan uruguaya. Tenemos entonces participación, logros e insuficiencias, avances y retrocesos. Como todo proceso que se desarrolla en democracia ¿no?

La participación social no hace otra cosa que integrar a la sociedad, valga la redundancia, al debate sobre seguridad social, democratizando el proceso de construcción de políticas públicas con el objetivo de mejorar la vida de las personas. Esto no es otra cosa que cumplir con uno de los fines de la seguridad social, la redistribución de la riqueza, como forma de atacar desigualdades que lejos de ser justas o naturales, deben ser el desvelo de quienes trabajamos por una seguridad social más amplia y por una sociedad más igualitaria.  

 

REPRESENTACIÓN DE JUBILADOS Y PENSIONISTAS EN EL BPS